Es muy interesante cómo una palabra escrita puede hacernos sentir que estamos palpando, saboreando o visualizando algo. Un buen juego de palabras puede hacerte sentir una experiencia completa. Este es, por ejemplo, un escrito que hice relacionado con el tema:

Bajo una lluvia torrencial, vienes con tu paraguas en mano, bajas la calle A y escuchas que los carros no paran de pitar. Estás empapado(a), así que decides entrar al bar que tienes enfrente. Tiene una enorme puerta de madera tallada de estilo alemán. Tocas suavemente el tallado buscando sentir algo de alivio y empujas la puerta pesada.

Al entrar, sientes el olor combinado de pretzels y chorizo; el aroma te hace temblar. Decides quedarte. En la esquina de atrás ves una con una pequeña lamparita y te sientas. Ves banderas en las paredes, escudos, fotos y pósteres; todo en alemán y la mente se va. La barra del bar, hecha de madera oscura con toques tallados, parece tener sus años, pero se mantiene bien.

Se te acerca un mesero y te pregunta qué deseas comer; le pides un pretzel y una cerveza. Al cabo de solo diez minutos, tu orden ya ha llegado. Con hambre, te saboreas el pretzel. Sientes la sal y la levadura de la cerveza en tu boca. Pides la cuenta y, antes de irte, decides darte la vuelta y ver por última vez tu refugio temporal.

Este es un ejemplo de un escrito sensorial; si te gustaría hacer uno, te invito a practicar.