Compararse y el síndrome de la inferioridad es un tema que afecta a muchas personas. En este breve escrito, exploro un poco el tema mientras realizo un ejercicio de escritura.
Vivimos en un mundo obsesionado con compararse. Yo tengo. Él tiene. Yo más.
Es absurdo y lo sabemos… pero el juego sigue y no se detiene.
Esta competencia que no vemos erosiona tu valor.
Diciéndote que vales menos. Que vas detrás.
Y así comienza la inferioridad…
Esto viene de la crianza o de la sociedad; es compararse sin parar.
Estar en tribu es estar IN, pero con expectativas: cumplir, no fallar, encajar.
Colocando a unos en pedestales y a otros en huecos.
Y así comienzan las heridas.
¿Cómo salir del hueco?
Recordando lo que olvidamos siempre:
Todos somos imperfectos.
Aunque seas más lindo, más fuerte o con más dinero, sientes el mismo miedo e inseguridad que los demás.
Cuando aceptes eso, todo cambiará.
Se caen de las alturas. Sales de lo profundo.
Compararse se queda atrás.
Y ahí verás una salida.
Para romper tu molde.
Para vivir en paz.
En el siguiente ejercicio se trata de resumir lo más posible, tratando de decir más con menos mientras trato de mantener la misma cadencia.
Compararse de nuevo. Yo tengo. Él tiene. Yo más.
Este absurdo erosiona tu valía
Que si vales menos. Que si vas detrás.
Así entra la inferioridad.
De crianza o sociedad. Estás IN o estás OUT.
Expectativas, cumplir, encajar.
En pedestales unos, en huecos los demás.
Son heridas nada más.
Al saber que somos imperfectos.
Que todos sentimos miedo e inseguridad.
Eso cambiará.
Bajarán del cielo, subirás de lo oscuro.
Dejando eso atrás.
Rompiendo el molde.
Alcanzando la paz.
