Vivimos en un mundo obsesionado con compararse. Yo tengo. Él tiene. Yo más.
Es absurdo y lo sabemos… pero el juego sigue y no se detiene.

Esta competencia que no vemos erosiona tu valor.
Diciéndote que vales menos. Que vas detrás.
Y así comienza la inferioridad…

Esto viene de la crianza o de la sociedad, pero termina en tu mente sin avisar.

Estar en tribu es estar IN, pero con expectativas: cumplir, no fallar, encajar.
Colocando a unos en pedestales y a otros en huecos.
Y así comienzan las heridas.

¿Cómo salir del hueco?

Recordando lo que olvidamos siempre:

Todos somos imperfectos.

Aunque seas más lindo, más fuerte o con más dinero, sientes el mismo miedo e inseguridad que los demás.

Cuando aceptes eso, todo cambiará.

Se caen de las alturas. Sales de lo profundo.
Las comparaciones se acaban.

Y ahí verás una salida.
Para romper tu molde.
Para vivir en paz.